¿Basta la Biblia?
Casi todos los cristianos dicen que la Biblia es verdadera. La pregunta difícil es otra: si es suficiente para lo que de verdad nos pasa.
Ricardo Cerda,
Pocas personas en una iglesia evangélica dirían que la Biblia no es verdadera. El problema aparece un martes cualquiera, cuando un matrimonio no se habla, cuando la ansiedad no deja dormir o cuando un hijo se aleja. Ahí, sin decirlo, muchos actuamos como si la Escritura sirviera para el domingo y otra cosa sirviera para la vida real.
Por eso la pregunta no es solo si la Biblia es verdadera, sino si es suficiente.
Lo que la Biblia dice de sí misma
Pablo escribe a Timoteo, un pastor joven que enfrentaba falsos maestros y una iglesia con problemas reales:
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
— 2 Timoteo 3:16-17
Fíjate en las dos palabras del final: enteramente preparado. No dice “parcialmente”, ni “preparado para lo espiritual”. La Escritura que Dios inspiró es la que lo equipa para toda buena obra.
David lo había dicho siglos antes:
La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
— Salmo 19:7
Una palabra perfecta no necesita complemento. Una palabra que convierte el alma llega justo al lugar donde están nuestros problemas más hondos.
Lo que no estamos diciendo
Decir que la Biblia es suficiente no significa que sea un manual de mecánica ni que despreciemos la medicina. Si te quiebras una pierna, vas al traumatólogo. La suficiencia de la Escritura se refiere a lo que Dios quiso revelar en ella: quién es Él, quiénes somos nosotros, cómo somos reconciliados con Él en Cristo y cómo vivir para su gloria.
Nuestra declaración de fe lo dice así: la Biblia “es suficiente para todo lo que concierne a la fe y la práctica, y es la norma definitiva para todas las decisiones de vida y doctrina”.
Por qué esto cambia la vida de una iglesia
Si la Biblia basta, entonces:
- La predicación tiene que explicar el texto, no usarlo como trampolín para otras ideas. Por eso predicamos libro por libro.
- La consejería tiene que abrir la Biblia, no solo escuchar con empatía. Por eso aconsejamos desde la Escritura.
- Cada creyente puede ayudar a otro, porque el poder no está en el consejero sino en la Palabra.
La pregunta, entonces, vuelve a ti: ¿tratas la Biblia como suficiente para lo que estás viviendo hoy?
